“Los pa√Īuelos ya no son tan blancos” Norma Morandini, 2-10-10

Por Norma Morandini, Escritora y senadora por el Frente Cívico de Córdoba

Los griegos las escond√≠an, porque, dec√≠an, no hay nada m√°s subversivo que una madre que perdi√≥ a su hijo. ¬ŅHay acaso algo m√°s perturbador que esas madres en duelo que increpan al poder porque lloran a un hijo muerto? Primero, fueron las madres del pa√Īuelo blanco, cuya simbolog√≠a las trasciende como personas. Otras madres del dolor se fueron incorporando a ese repertorio de tragedias que es parte de la expresi√≥n p√ļblica en nuestro pa√≠s. Sobre todo cuando se exhibe y se muestra como bandera de lucha. Una insurgencia femenina que golpe√≥ en el centro del poder militar, pero que ahora escupe el coraz√≥n de la democracia, el Palacio de los Tribunales.

El mismo lugar donde un cuarto de siglo atr√°s, en un juicio hist√≥rico por in√©dito, el poder civil sent√≥ en al banco de los acusados a los jerarcas de la dictadura y, a trav√©s del coraje de sus v√≠ctimas, los sobrevivientes, se pudo desentra√Īar esa maquinaria de terror que utiliz√≥ el mas perverso de los mecanismos de opresi√≥n, la desaparici√≥n de personas.

Sin embargo, pocos recuerdan la marcha que con m√°scaras en los rostros, manifest√≥ al frente de los Tribunales para denostar al juicio porque ‚Äú era la justicia burguesa‚ÄĚ. Contrapuesta, claro, a lo que no se dec√≠a, la ‚Äújusticia revolucionaria‚ÄĚ porque entonces nadie hubiera osado criticar los fundamentos de la democracia, vivificada como necesidad por los autos Falc√≥n que todav√≠a estacionaban en las escalinatas de los Tribunales y porque los militares negaban y despreciaban, tambi√©n, a esa justicia civil.

En la Argentina fueron los heridos, los humillados, los resentidos, en el sentido de personas lastimadas y por eso, las que menos pod√≠an involucrarse en la construcci√≥n democr√°tica. A quienes menos se les debi√≥ exigir a la hora de unir pluralidades en el espacio de la legalidad restaurada. No porque el sufrimiento exima de responsabilidades, sino porque el dolor puede empa√Īar la mirada luminosa y verdadera de una aut√©ntica construcci√≥n democr√°tica.

Desde que las madres se instalaron en la Plaza de Mayo, allí, como en un gran teatro abierto, ellas escenificaron y recrearon los mitos ancestrales, la Gran Madre, origen de la religión, las Antígonas que desautorizan al tirano para honrar la muerte, y a la par exigen justicia. Mujeres valientes que como madres abrieron para todos nosotros espacios de verdad y justicia. Siempre seremos sus deudores.

Pero en el momento que dejaron la plaza para entrar en otro Palacio, el de la sede del Gobierno, dejaron la simbolog√≠a del pa√Īuelo para la Historia y se tornaron dirigentes sectarias. Ellas, que hab√≠an hecho del silencio el m√°s efectivo grito de protesta, comenzaron a hablar, a increpar, a insultar.

Al ideologizar la p√©rdida de los hijos, fueron despojadas de la figura at√°vica de la madre de todos y por eso, universal. Si perturba una madre sin l√°grimas, mas inc√≥moda resulta la madre que insulta. Aquella que fue descalificada por ‚Äúloca‚ÄĚ por el r√©gimen militar vuelve a ser la insana, pierde consenso ante la sociedad.

Vale ya a esta altura, advertir que si evito la personalización es precisamente para no cometer lo que critico, la incapacidad para argumentar sin invalidar a las personas.

No juzgo personalmente a Hebe de Bonafini, pero sí la concepción antidemocrática que encarna, las risas complacientes de los que la aplauden , sin el coraje suficiente para decir que, en realidad, descreen de la democracia.

En la intolerancia, el desprecio a los que piensan diferente, desnudan la cultura pol√≠tica que sustent√≥ esa tragedia y como un espejo nos revelan las entra√Īas de una sociedad que camina entre el miedo y la libertad, pero no se despoj√≥ del autoritarismo que la atraviesa como historia. Denunci√≥ las violaciones a los Derechos Humanos pero todav√≠a no construy√≥ una cultura de respeto e igualdad, la base pol√≠tica y el sustento doctrinario de las democracias sociales, amasadas con las contradicciones y los conflictos que solo dinamiza la libertad.

Sin embargo, entre esas madres que hicieron del dolor coraje y consiguieron para todos nosotros espacios de Verdad y Justicia, hay much√≠simas otras madres que dejaron la plaza, no para regresar a la casa, sino porque el tiempo de la libertad las torn√≥ ciudadanas, o sea: democr√°ticas. Entre ellas mi madre, a quien va mi homenaje p√ļblico.

Para m√≠, una met√°fora de lo que ambiciono para nuestro pa√≠s. Alguien que fue despojada de sus dos hijos menores, N√©stor y Cristina, est√° entre las fundadoras de la organizaci√≥n Familiares de Desaparecidos de C√≥rdoba, una mujer que hizo de su dolor un puente hacia los otros y a quien le duele profundamente que los pa√Īuelos ya no sean todos tan blancos.

Vía Clarín

 

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